miércoles, 25 de marzo de 2015

Parque nacional del Narew


El parque nacional del río Narew es un parque pequeño pero muy interesante desde el punto de vista ornitológico. Por poner un símil ibérico, me recuerda mucho en su conjunto al parque nacional de las Tablas de Daimiel, en España.


Se trata de un humedal  en el cauce del río Narew (ZEPA y Zona Ramsar). Su parte más sobresaliente es el valle del Narew. Es un parque de lagunas, de meandros, de turberas… con vegetación asociada de bosque de ribera, carrizales y masegares. Lo dicho, muy parecido a las Tablas de Daimiel. Se recorre de igual forma; desde el pequeño centro de visitantes un sendero baja al agua y se adentra en las praderas de turba, carrizales y masegares mediante pasarelas de madera que también recuerdan mucho al parque castellano-manchego. También es habitual dar paseos en barcas tradicionales de fondo plano  impulsadas por pértigas o alquilar piraguas y recorrer así los itinerarios guiados acuáticos que van adentrándose entre los canales de las lagunas. Muchas veces es el mejor modo de acercarse a la fauna que se esconde en el corazón de las láminas de agua, como el carricerín cejudo, el avetorillo común, etc. Otras aves destacables son el guión de codornices, la cigüeña negra, la lechuza campestre o la presencia de grulla común. En total 203 especies de aves (155 reproductoras). Llamará la atención la cantidad de cigüeñas blancas que se pueden observar en el parque y en los alrededores. Dicen que una de cada cuatro cigüeñas europeas es polaca.


El parque cuenta con una buena señalítica de senderos y recorridos (por colores), así como de paneles informativos con las principales especies de aves, y resto de animales (13 especies anfibios por ejemplo). También de las plantas. Mención especial para los insectos, las mariposas y las 34 especies de mamíferos, como las nutrias, los alces y los castores. De estos últimos veremos sus aparatosas construcciones de madera en las orillas.
Construcción de castor


A nivel flora, en el parque están representadas más de la mitad de todas las plantas de ambientes  acuáticos existentes en Polonia. Localmente Narew es conocido como la Amazonía polaca. Quizá, a su manera, no les falta razón, en cualquier caso el parque nacional del Narew es una parada idónea en el camino entre Varsovia y Bialowieza, justo a mitad de trayecto.

lunes, 9 de marzo de 2015

El bosque de Bialowieza, el gran bosque primario europeo

En el año 1932 once bisontes europeos eran reintroducidos en el bosque polaco de Bialowieza como primer paso para salvaguardar el negro futuro de una especie que había desaparecido en libertad. Se declaró este espacio natural,  catalogado como Reserva Forestal desde 1921, como parque nacional (1947), se acondicionó un recinto para su adaptación, estudio y reproducción del mayor mamífero europeo en un retazo de bosque y en 1954 se soltaron en el bosque. El centro de reproducción y cría en cautividad hoy alberga, además del bisonte, otras especies autóctonas como el lobo gris, el lince boreal, el alce, el ciervo, el gato montés, el corzo, o el jabalí, entre otras especies que moran esta espectacular extensión forestal. También caballos tarpanes, los robustos caballos locales que antes vivían libres en la región y que ahora traen en carromatos a los visitantes que se acercan al centro o que quieren dar un paseo por el bosque.

Desde el punto de vita botánico el parque contiene 809 especies vasculares, más de 3.000 especies de criptógamas y hongos, casi 200 especies de musgos y 283 especies de líquenes. En el apartado faunístico, Bialowieza viven más de 8.000 especies de invertebrados, crían 120 especies de aves y 52 especies de mamíferos. Casi nada.


El parque nacional Bialowieza alberga 10.517 hectáreas del bosque fronterizo con Bielorrusia, uno de las mejores representaciones forestales del continente europeo y probablemente uno de sus últimos retazos virginales. De hecho, la mitad es reserva integral con la máxima protección, donde nadie puede entrar y probablemente nadie hay pisada nunca. Otra pequeña porción del bosque es también reserva pero admite visitas a pie con el único sendero que permite adentrarse en la penumbra de este manto verde. Sendero que, por otra parte, sólo puede recorrerse con permiso previo y la compañía de un guía del parque. El resto del bosque alberga el centro de cría del bisonte y otras rutas para bicicleta y senderismo, como por ejemplo la senda de los Robles Reales, con ejemplares centenarios.
Hay otras zonas de gran interés que tienen que ver con el águila pomerana, que encuentra en las zonas abiertas y encharcadas de Bialowieza, un hábitat idóneo. Existen diferentes torres de observación ornitológica dirigidas especialmente a observar esta rapaz.


Por el interior del bosque primario
La ruta que se adentra en la reserva lo hace mediante una senda que se abre paso por terreno absolutamente plano que recorre una parte de bosque caducifolio y con la presencia de alguna conífera. Magnífica representación de este bosque con especies caducas y perennes. También atraviesa zonas encharcadas con la ayuda de pasarelas de madera. La ruta se adentra a través de pistas abiertas hace siglos por la realeza y también alguna senda. El paseo guiado suele comenzar en realidad en los jardines del palacio (en el pueblo de Bialowieza) donde se encuentra también el centro de visitantes, y va metiendo al visitante en harina mientras recorre estos fabulosos jardines camino de la puerta de madera que da paso al paraíso forestal de Bialowieza. En total son visitas de alrededor  de 4 horas, de las que la mitad transcurre en el bosque primario.



Es la mejor forma de conocer cómo funciona el bosque, su ciclo biológico. Aquí nada se toca, sólo actúa la naturaleza. Si un árbol cae se deja como está para que los descomponedores hagan su trabajo y el ciclo comience. Caminar en completo silencio por este bosque primario, sabedores de que somos muy pocos los que ese día están viviendo semejante experiencia, es un privilegio que reconforta aún más. El silencio permite además poder tener algún avistamiento de fauna inolvidable, como puede el bisonte, el lobo o el lince boreal. Todo es posible en un terreno que ellos saben es su hogar y los humanos somos un pequeño grupito de afortunados invitados a su casa.

jueves, 26 de febrero de 2015

¿Dónde ver bisontes europeos?

El bisonte europeo (Bison bonasus) es el mayor bóvido del Viejo Continente. El mayor mamífero que todavía habita en la naturaleza de Europa. Y lo hace en estado salvaje sólo en dos lugares: Polonia y Bielorrusia. De hecho, en realidad se trata del mismo lugar, un inmenso bosque primario en la frontera entre estos dos países: el bosque de Bialowieza. Allí viven los últimos ejemplares en libertad en su hábitat natural, que lejos de ser el de las praderas abiertas, como su hermano el bisonte americano, al europeo le gusta más el hábitat forestal, refugiarse en la seguridad del bosque (caducifolio y perennifolio).
Bosque de Bialowieza

La historia del mayor mamífero europeo es dramática. En siglos pasados era abundante y estaba bien distribuido por todo el continente llegando hasta Asia occidental.  La reducción de su hábitat y sobre todo su reputación como trofeo cinegético primero y su caza indiscriminada como fuente de alimento en la Primera Guerra Mundial después, le llevaron al borde de la extinción. De hecho desapareció en estado salvaje.  La reintroducción en el bosque polaco de Bialowieza, convertido en parque nacional y buque insignia de la naturaleza polaca, de una docena de ejemplares ha permitido el retorno de la especie a su hábitat natural. Población que ha crecido hasta casi el millar de ejemplares, más de 500 bisontes en la parte polaca y alrededor de 400 en el lado bielorruso del bosque. Son los últimos bisontes europeos salvajes. El mejor momento del día para observarlos es al amanecer y la mejor época en invierno, cuando se concentran en manadas más grandes, que pasan de estar integradas por una veintena de bisontes a estar formadas por cincuenta o más individuos. Ante la falta de alimento, en invierno el parque nutre una serie de puntos de alimentación suplementaria, en torno a los cuales los bisontes suelen observarse al alba. Encontrarnos con ellos en el interior del bosque no es misión imposible, pero si muy difícil.

La población actual se estima alrededor de 4.300 ejemplares pero excepto los citados salvajes reintroducidos en el bosque a partir del centro de cría en 1954, y otros pequeños grupos en las zonas polacas de Borecka (reintroducidos en 1962), Bieszczady (1964), Knyszynska (1973), y Nadlesnictwo Walcz (1983), el resto viven en reservas en semilibertad o en zoológicos. Existen varias reservas de bisonte europeo repartidas por el continente, incluso también en España (en la Montaña Palentina), donde vivían hace miles de años (si no que se lo pregunten por ejemplo a los artistas prehistóricos que los plasmaban en las paredes de Altamira, por ejemplo). En Polonia se encuentran en Pszczyna (creada en 1865), Smardzewice (1934),  Niepolomice (1938), Miedzyzdroje (1976), Goluchów (1977).


En Bialowieza, además de los bisontes en libertad, otros viven en el centro de cría en cautividad de especies autóctonas que existe en el parque, que de hecho fueron el germen durante veinticinco años para la manada salvaje. Bisontes y Bialowieza van de la mano, el bosque mejor conservado de Europa alberga los últimos bisontes, parientes de los que un día, hace apenas un siglo corrían libres entre los enormes árboles polacos. Sin duda el mejor lugar para observarlos.

domingo, 15 de febrero de 2015

Plitvice, escapada al paraíso lacustre europeo

A un par de horas por carretera de Zagreb, la capital croata, un enorme bosque de hayas y abetos encierra una de las maravillas naturales del viejo continente. En algunas zonas de esta vasta mancha forestal de 30.000 hectáreas convertida en parque nacional en 1949 me atrevería a asegurar que nunca ha pisado el hombre. Fue el primer arque nacional creado en Croacia y los que si se mueven aquí a sus anchas son los osos pardos, lobos, urogallos, linces europeos, etc. que habitan las entrañas del hayedo-abetal.

Pero aunque es una gozada caminar el bosque como hago cada vez que vengo, no son los árboles el interés central del viaje sino los 16 lagos que Plitivice alberga. El mío y el del millón de visitantes que acuden cada año a sucumbir a los encantos multicolores y relajantes de estos lagos, enlazados unos con otros como las cuentas de un rosario.

Este año los lagos de Plitvice serán objeto de uno de mis viajes como guía acompañante. Y como siempre podéis veniros conmigo. No está dentro del catálogo de Viajes de Autor, pero sin duda, es el hermano occidental del espectacular parque nacional chino de Jiuzhaigou, en las montañas de Sichuan, donde si tengo preparado un viaje de autor para este verano (1-10 agosto).


El viaje a los lagos de Plitvice es en realidad una ecoescapada, un fin de semana largo que empezará el jueves 15 de mayo y acabará el domingo 18 de mayo. A lo largo del viaje tendremos oportunidad de caminar por el magníficas pasarelas y senderos de las  infraestructuras de uso público del parque nacional que permiten conocer de cerca todos y cada uno de los lagos, así como acceder a las numerosas cascadas que suponen otro de los atractivos de la visita. La gran cascada de Plitvice, con sus 78 metros de altura, es la más alta y espectacular. Una jornada la dedicaremos a recorrer los lagos del circuito inferior y otra jornada los de lagos superiores, de esta forma tan relajada –apta para todo el mundo- podremos deleitarnos a fotografiar tranquilamente, sin prisa, este paraíso natural europeo. Porque este viaje es eso, una escapada perfecta para dar rienda suelta a la fotografía, a mezclarse sin prisa con la naturaleza.


Ecoescapada a los Lagos de Plitvice salida desde Madrid/Barcelona/Galicia. 4 días/3 noches aprox. 800 euros/pax. (con vuelos, alojamiento, etc.). Si quieres más información del viaje no dudes en ponerte en contacto conmigo en apolvorinos@elecoturista.com

domingo, 8 de febrero de 2015

Con los Albatros de las Galápagos

Con sus 240 centímetros de envergadura alar, y sus inconfundibles pico amarillo intenso y nuca de color marfil, el albatros de Galápagos es uno de los endemismos más emblemáticos en las islas de los endemismos por excelencia.

El albatros de Galápagos u ondeado (Phoebastria irrorata) es una ave marina que sólo toca tierra para anidar y lo hace durante el verano en la isla de La Española, en las islas Galápagos orientales. Hasta allí me fui hace unos años para observarlo por primera vez. Entre diciembre y marzo los albatros de Galápagos vuelan sin cesar llegando hasta las costas continentales peruanas. La mayor de las aves de estas islas ecuatorianas ha elegido para criar la que probablemente sea una de las islas más bellas: Española. Cuenta con una población de algo más de 20.000 individuos. El terreno irregular de la isla presenta los acantilados con la altura necesaria para que los enormes albatros realicen su carrera antes de lanzarse e iniciar su vuelo. Cuando se posa en mar abierto para comer despega “a la carrera” moviendo las alas incesantemente hasta alcanzar la velocidad que le permita alzar sus 4 kilogramos de peso.

En la isla Española, el enclave para observarlos es Punta Suárez. Abril es el mes del cortejo, de la batalla de espadas con sus picos cual elegantes maestros de esgrima. Cuando los niveles de alimento disponible en el mar son óptimos gracias a las corrientes cálidas procedentes de Centroamérica, entre junio y noviembre, tiene lugar la cría. Los primeros pollos ven la luz en julio y comienzan sus prácticas de vuelo en septiembre y octubre. En diciembre, los Airbus A380 de las aves marinas, despegan hacia las aguas oceánicas.
Sin salirse del sendero que recorre la colonia de cría de aves, como siempre que se visita cualquier enclave de las Galápagos, y sin exceder las dos horas que suponen el tiempo máximo de estancia en tierra (algo por lo que velan escrupulosamente los guías naturalistas del parque nacional) el contacto con las aves es directo y muy cercano. Embelesador.

Punta Suárez y Bahía Gardner, tan diferentes y espectaculares son los dos enclaves de desembarco y visita en Española. Los visitantes que, como yo, a bordo de un crucero, llegan a Española a disfrutar de una jornada de campo inolvidable nunca salen defraudados. A buen seguro que así es, entre albatros, piqueros, gaviotas, etc. en los acantilados de Punta Suárez y lobos marinos, tortugas marinas y pinzones de Darwin en las blancas arenas de una de las bahías más hermosas del mundo.