miércoles, 15 de mayo de 2013

El gran turaco azul en los humedales de Bigodi


 

En los límites del parque nacional Kibale Forest (bosque de Kibale), en Uganda, se encuentra un pequeño humedal de enorme valor por poseer una alta biodiversidad. A pesar de su reducido tamaño, los humedales de Bigodi dentro del Magombe swamp (6 km. al sur del bosque de Kibale y a una hora en coche desde Fort Portal) son el hogar de 8 especies de primates y más de 200 especies de aves. El colobo rojo y el Gran Turaco Azul son los emblemas de este santuario ugandés. Se pueden observar con facilidad varias especies de reptiles y mamíferos, incluido el pequeño antílope sitatunga que se mueve como pez en el agua gracias a su liviano peso corporal entre las zonas encharcadas y comunidades de papiro.

 



Un pequeño centro de visitantes en el que comprar algo de artesanía local y poco más, se abonan los 20 $ que cuesta entrar y un guía te acompaña por el interior del humedal en un recorrido de aproximadamente un par de horas. Es un paseo sencillo, entre papiros, palmeras de diversas especies y grandes árboles que son el hogar de los primates. Los monos son fáciles de ver, sobre todo el colobo blanco y negro, el colobo de cola roja, el colobo rojo, el mono gris, el de l’Hoest, vervet, babuinos, mangabay, e incluso, con suerte, algún pequeño grupo de chimpancés de los que residen en el cercano bosque de Kibale y ocasionalmente se acercan a este humedal.

 



Pero lo que hoy me trae a los humedales de Bigodi en forma de post es la observación del precioso gran turaco azul (great blue turaco). Este gran ave de llamativo plumaje dorsal azul con sus 75 centímetros de envergadura alar, encuentra en el dosel arbóreo de Bigodi el hábitat idóneo que ha convertido a Bigodi en enclave de relevancia mundial para la especie dentro de su área de distribución como endemismo de la orilla occidental del Lago Victoria. Se observan además martín pescador, papamoscas, carpinteros, cucos, tucancillos, etc. más de 200 especies de aves. Una delicia para el birdwatching.

 



Bigodi es un buen ejemplo de desarrollo sostenible y cómo la comunidad local gestiona este pequeño espacio natural repleto de grandes valores naturales. La gestión corre a cargo de Kibale Association for Rural and Environmental Development (Kafred)

jueves, 9 de mayo de 2013

10 Bosques imprescindibles


Los bosques son uno de los bienes naturales que debemos legar a nuestras próximas generaciones. Como tal hay que luchar porque así sea. Me encantaría que mi hijo conociera esta selección que de bosques que hoy muestro, al menos, tal y como están conservados ahora. He querido dedicar esta entrada a aquellos espacios forestales que más me han cautivado, por diversas razones, a lo largo y ancho de mis paseos por el mundo. Hay muchos más, claro está, pero he tratado de seleccionar  diferentes comunidades vegetales, con características distintas y en diferentes parámetros de biodiversidad. Los que figuran en esta lista están de una u otra manera reconocidos a nivel internacional por su importancia; todos dentro de parques nacionales y declarados Patrimonio de la Humanidad como Bien Natural por la UNESCO. Que sigan siendo eso, patrimonio de toda la humanidad durante muchas generaciones… Como siempre, no se trata de un ranking sino que su ordenación responde únicamente al orden alfabético. Espero os gusten.

 

Amazonas (Brasil, Ecuador, Colombia, Perú, Bolivia y las Guayanas)
Joya entre las joyas. El bosque del Amazonas, entendido como una gran cuenca, es no sólo el mayor bosque del planeta sino que encierra los más altos patrones de biodiversidad terrestre. Esta selva tropical se extiende a lo largo de 6 millones de kilómetros cuadrados que contienen el 20% de las especies de flora y fauna del mundo.
Más info

 
 

Bialowieza (Polonia)
El último bosque virgen de Europa es también el más extenso en el centro del Viejo Continente. Esta gran mancha verde dominada por coníferas y también frondosas se extiende por el este de Polonia y oeste de Bielorrusia. Además del patrimonio vegetal, alberga la última población de bisontes europeos. La pena es que todavía existan vallas que impidan el libre movimiento de la fauna por sus más de 10.500 hectáreas.

 

 
Bwindi (Uganda)
El célebre Bosque Impenetrable alberga la mayor población de gorilas de montaña y es un paraíso ornitológico. Se trata de un bosque tropical húmedo en el que crecen infinidad de especies de orquídeas y vuelas un buen número de mariposas. El bosque de Bwindi, en la región montañosa de Uganda, es además hogar de más de una decena de primates, entre ellos los chimpancés, colobos o monos dorados. Bwindi significa oscuridad, así que os podéis hacer una idea de la frondosidad de este ecosistema africano, uno de los más interesantes del continente.
Más info

 

 
Chitwan (Nepal)
En el país con mayor diferencia altitudinal del planeta, desde los 200 metros sobre el nivel del mar hasta los 8.850 metros del techo del mundo, me quedo en sus tierras más bajas, que están dominadas por una selva húmeda en la que habitan tigres y rinocerontes de un cuerno para mostraros un entorno forestal envidiable. La mejor forma de recorrerlo es a lomos de un elefante asiático. Dicen que aquí se inspiró R. Kipling para escribir el Libro de la Selva. No es para menos.
Más info.


 
 
Garajonay (España)
La laurisilva es un bosque relicto, un tipo de bosque que hace mucho tiempo (Terciario) se extendía por la cuenca Mediterránea y que hoy está fragmentado en manchas que crecen en algunas islas de la región Macaronésica, en los archipiélagos de Azores, Madeira, Canarias y Cabo Verde. La laurisilva canaria crece algunos puntos de La Palma, La Gomera, El Hierro y Tenerife. El bosque más extenso y mejor conservado de laurisilva canaria es el que forma el corazón del parque nacional de Garajonay (La Gomera). Infinidad de endemismos en esta selva de laureles, desde un buen número de vegetales hasta las palomas de laurisilva (rabiche y turqué).
Más info



Jiuzhaigou (China)
Cuando estuve en este parque nacional chino, el escenario de bosques, montañas, cascadas y lagos más impresionante de cuantos conozco, me llamó rápidamente la atención una zona indicada en el mapa como “The virgin forest”. Corresponde al extremo del valle de Rize y se mantiene prístino, tal y como era. Una pasarela permite recorrer una ínfima porción de este bosque de coníferas de alta montaña.
Más info

 


Mai (Seychelles)
Lo sorprendente del bosque que crece en el valle de Mai es que se trata de palmeras de la especie Coco de mer. Lo de las palmeras no es raro, pues es la vegetación característica de zonas bajas en islas tropicales, lo curioso es el fruto de esas palmas. Los gigantescos cocos (el femenino llega a pesar más de 25 kilos) y sobre todo la erótica morfología del que se ha convertido en el símbolo de este país del Índico.
Más info

 


 
 
Onelli (Argentina)
De este bosque andino patagónico me encantó todo, especialmente en otoño. Crece en la bahía de Onelli, al pie del Lago Argentino. En este mundo de glaciares el bosque de Onelli puede recorrerse entre el muelle en el que atraca el barco que realiza la travesía por el lago y la laguna de Onelli. Es un trayecto corto, pero resulta absolutamente mágico. Lengas, ñiras, notros, calafates… especies que tiñen de color esta mancha caducifolia del parque nacional Los Glaciares en la Patagonia argentina.
Más info


Oulanka (Finlandia)
En esta selección de mis bosques predilectos no podía faltar una representación de taiga, que forma parte de los ecosistemas árticos. Taiga es un término siberiano que significa “bosque entre lagos”, nada mejor para definir lo que ofrece este parque nacional finlandés de casi 300 kilómetros cuadrados, junto al Círculo Polar Ártico, que se continúa por tierra rusa con el nombre de Paanajarvi. Un vasto mar de coníferas que forman una de las mejores representaciones del bosque boreal.
Más info

 

Tsitsikama (Sudáfrica)
Es el verdadero pulmón de la Ruta Jardín sudafricana. En origen era uno de los tres parques nacionales situados a lo largo del tramo costero entre Mossel Bay y la desembocadura del río Storm, en la provincia del Cabo, que se recorrían a través de la principal ruta turística del extremo de África. Hoy todo el territorio se engloba dentro del parque nacional de la Ruta Jardín (Garden Route). Se trata de la mayor y mejor representación de bosque afrotemplado. Destacan los podocarpos de Outeniqua, olivo del Cabo, ocoteas y helechos arborescentes. No os perdáis un paseo alrededor del Big Tree de Titsikama.

lunes, 6 de mayo de 2013

El bosque andino patagónico caducifolio


 
El Calafate, un pueblo que ya de por si tiene nombre de arbusto local, es la puerta de entrada principal al paraíso terrenal del parque nacional Los Glaciares, en la Patagonia argentina. El parque nacional ofrece hielo, mucho hielo, en sus glaciares pero también bosques, algunos de los bosques andinos patagónicos mejor conservados. A priori nuestros ojos centran la visión de las montañas que se erigen en la orilla occidental del gran Lago Argentino en las enormes lenguas de hielo que bajan por los valles. No en vano son el principal aliciente del parque, pero sin embargo una de las imágenes más impactantes que recuerdo no tiene cristales de hielo sino hojas. Me refiero al bosque andino patagónico y, concretamente, al caducifolio. Me había adentrado en bosques de estas latitudes en zonas como la península de Magallanes, frente al glaciar Perito Moreno. También en el bosque que crece en la orilla izquierda del lago Rico.
 
 
Mayo es el mes en el que las ñiras, lengas, notros, coihues, calafates, etc. se encuentran en plena explosión cromática. Rojos, amarillos, naranjas, tiñen de cromatismo las faldas de las montañas. Aunque mi mente estaba puesta en el hielo, el policromatismo otoñal patagónico de estas formaciones boscosas, hogar de pumas,  me encantó.
 

Pero donde de verdad quedé extasiado por la belleza y magia del bosque andino fue en la bahía de Onelli. Tras varias visitas a la zona, por fin un año tuve ocasión de llegar navegando y desembarcar en la bahía. Os confieso que fue poner un pie en la tierra, dar dos pasos hacia el interior del bosque y el corazón se me paró de repente. Brutal. Se me hace difícil explicar, lo que desprende este bosque casi intacto, envuelto en el silencio más sepulcral; sólo el sonido lejano del viento se colaba entre los musgos y líquenes que tapizaban las ramas ya sin hojas del bosque. Sin duda una de las experiencias forestales más impactantes que he vivido. 
 

Y al hilo de este post, preparé para los próximos días una entrada del blog centrada exclusivamente en bosques. Este bosque andino patagónico será uno de los que figuren en la lista, por supuesto, pero habrá nueve más que completen la próxima selección de Mis Safaris Favoritos por los bosques del mundo.

lunes, 29 de abril de 2013

Los Haitises desde el aire


Llegar a la península de Samaná, en la República Dominicana, en avión tiene una grata sorpresa incluida en el precio: sobrevolar el parque nacional de Los Haitises.

Volando desde Santo Domingo o desde Punta Cana/Playa Bávaro, desde donde parten vuelos en avionetas o en pequeños aviones a diario, especialmente en época deballenas, para regresar en el día, ofrece la oportunidad de disfrutar de una aérea perspectiva del mar de mogotes dominicano. Los mogotes son montículos de origen calizo tapizados por selva que recorrer por tierra, en este caso, es casi imposible. La orografía dominicana en la orilla sureste de la bahía de Samaná, frente al pueblo homónimo, es particularmente compleja en este vasto parque nacional. El acceso es marítimo. Saliendo de Samaná (o Sabana de la Mar) y dependiendo del tipo de embarcación, aproximadamente 30 minutos después se llega a la costa de Los Haitises. El mar de agua se continúa con un mar de montículos. La primera línea de mogotes impide la visión del horizonte, algo que sólo es posible apreciar desde el aire.
Os recordarán a otros paisajes caribeños como el valle de Viñales en Cuba o el de los mogotes del norte de Puerto Rico.

 


Los Haitises se hicieron famosos en España por servir de plató natural a las primeras ediciones del programa televisivo “La playa de los famosos”, pero hace tiempo que su verdadero interés: el biológico mereció su protección (1976) como uno de los espacios naturales bandera de la naturaleza y biodiversidad caribeña. En este parque nacional de 208 kilómetros cuadrados abundan las dolinas, las cuevas (algunas con grabados taínos), los ríos subterráneos, los manglares y el bosque tropical húmedo.

 


Las primeras visiones desde el mar dejan sin palabras al visitante, que puede desembarcar en algunos puntos concretos y caminar entre el manglar, visitar alguna de las cuevas o simplemente disfrutar de los cayos y de la riqueza ornitológica de lugares como el cayo de los Pájaros. Con ese nombre os podéis hacer una idea de la cantidad de pelícanos –entre otras especies- que alberga. No paséis por alto una visita a la Bahía de San Lorenzo y sus pequeñas islas e islotes, sobre los que revolotean permanentemente las fragatas (tijeretas) y los pelícanos. De vez en cuando se posan en los copeys para seguir con su sobrevuelo incesante, como ocurre en el cayo de los Pájaros.

 

En Los Haitises crece uno de los mayores manglares del Caribe, formado por mangle rojo y mangle blanco. El bosque subacuático de mangles cuenta con el manatí en tres sus más distinguidos habitantes. También destaca el pequeño solenodonte -mamífero endémico-, un buen número de reptiles, varias especies de tortugas marinas y 110 especies de aves.

 


Si tenéis ocasión de llegar por aire a la Bahía de Samaná, no lo dudéis.

martes, 23 de abril de 2013

Libros de Viajes por la Naturaleza

En este Día del Libro no he querido pasar la oportunidad de seleccionar algunos de los títulos que más me gustan a la hora de emprender un viaje a la naturaleza. Los hay de carácter más natural, histórico, ambas cosas a la vez; algunos más literarios y otros más a modo de guía práctica. Unos son clásicos, best seller, y otros no tanto, pero de lectura igual de recomendable. 10 libros que considero imprescindibles para viajar desde casa en un día como hoy.



Rescate en Madagascar. Gerald Durrell. Uno de los muchos publicados por este zoólogo británico. Relata una de las últimas expediciones llevadas a cabo por este naturalista en su incansable tarea de hacer acopio de animales en peligro de extinción. Así llegó a Madagascar, albergue de singulares especies animales y vegetales.


 
Las Voces del Desierto. Marlo Mogan. Marlo Mogan no tenía edad ni talante de aventurera, pero la realidad se le impuso con la fuerza y el poder que suelen transmitirnos las grandes experiencias. Así fue como vivió una odisea fascinante: un viaje a pie por el desierto australiano en compañía de una tribu de aborígenes.

 


Viaje a Los Andes. Sergi Lara. Anaya Touring, dentro de su colección Nuevos Viajes Legendarios, publicó esta obra del autor dividida en dos libros: Viaje a los Andes Septentrionales (Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela) y viaje a los Andes Meridionales (Chile, Argentina y Bolivia), relatos de un viaje en bus por la gran cordillera sudamericana con especial hincapié en su naturaleza.

 


En busca de las fuentes del Nilo. Tim Jeal. Magnífica prosa para relatar la historia de la exploración africana en esta parte del continente llevada a cabo por siete grandes exploradores del siglo XIX: Burton, Speke, Grant, Baker, Florence von Sass, Livingstone y Stanley. Magníficamente documentada.

 


Mundos para Explorar. Selección de Historias clásicas de viajes y aventuras de National Geographic. Más de 50 historias entre las que se encuentran las cartas de vuelo de Lindbergh, Sir Edmund Hillary en la cima del Everest, Roosvelt de safari, o Richard E. Byrd en la Antártida.

 


Hacia Rutas Salvajes. Jon Krakauer. El drama real que inspiró la aclamada película de Sean Penn no deja de ser un relato a través de las tierras de Alaska. Quizá el menos “natural” de los libros de esta lista pero de sorprendente lectura.

 


Un naturalista y otras bestias. George B. Schaller. Relatos de una vida salvaje, la del eminente naturalista en sus trabajos de campo a lo largo y ancho del planeta. Desde los gorilas de montaña o los osos panda hasta los caribús, los felinos africanos o el leopardo de las nieves.

 


Patagonia. Los grandes espacios y la vida silvestre. William Conway. El autor, destacado conservacionista y profundo conocedor de la naturaleza del sur de América, aborda las relaciones entre los seres humanos y las grandes extensiones, así como sus consecuencias sobre la fauna y la flora. El autor cuenta tanto sus experiencias entre ballenas, elefantes marinos, guanacos, flamencos y pingüinos como entre hombres de ciencia y pobladores patagónicos transmitiendo una visión ecosistémica junto a las complejas interacciones de especies y paisaje.

 


Wildlife Travel. William Grey. Guía de viaje escrita por este zoólogo y fotógrafo tras más de 25 años siguiendo y viviendo las mejores experiencias de vida salvaje del planeta. Una especie de libro práctico sobre un Safari Global para ver y fotografiar las principales especies naturales del mundo. Está en inglés.

 


The Traveller’s Guide to Planet Earth. También en inglés. Esta joya de Lonely Planet, ofrece una selección de los mejores 50 destinos de la BBC Earth para vivir otras tantas experiencias en la naturaleza tras especies de flora, fauna o determinados paisajes.